miércoles, 6 de marzo de 2013

TRANSGRANCANARIA 119 KM


Un sábado de marzo del año 2010 por casualidad pasé por la Plaza de la Música y vi la entrada de Miguel Heras ganando la prueba reina de la prueba canaria, que aún no contaba con el patrocinio de The North Face, pero que hizo que se instalará en mi cabeza el sueño de hacer lo mismo, no ganarla, solo terminarla.

En el 2011 con mi hermano Edu hice la conocida por aquel entonces Sur-Norte, 96 km que ya me enseñaron el camino, de dureza y sacrificio que es realizar una prueba de ultra resistencia.


Con la llegada del 2012 hice mi primer intento sobre la distancia reina, 123 km, pero desde que llegué al Pico de Las Nieves y bajé al Garañón, mi pie derecho hizo crack, igual que mi sueño de terminarla. Desde ese momento tenía claro que el 2013 lo volvería a intentar.
Y llegó el día, 00:00 en Agaete y me lanzo de nuevo a intentar superar este nuevo reto. Y como fue en el año 2011 me acompaña mi hermano Edu, aunque los dos sabemos que iremos poco tiempo juntos, exactamente hasta después del avituallamiento del Aserrador. 



Salí disfrutando del ambiente que reinaba en Agaete, saludando conocidos y buscando las primeras rampas, desplego bastones y a subir, en poco más de una hora ya estoy llegando a Tamadaba y se puede empezar a trotar, pasando por el avituallamiento sin parar, para una hora y pico después entrar en Artenara, con un ritmo suave pero constante. 3:28:32, clavando tiempos, quedan aún 100 km por delante. Me sorprende mi hermano que aparece cuatro minutos después, y decido esperarle y así se hace más llevadera la noche.

Con tranquilidad comenzamos el descenso y ascensión al siguiente avituallamiento, Roque Bentayga. Es un descenso complicado y muy técnico, no hay que arriesgar y aflojo la mecha para no arrepentirme después. Comienzo la ascensión en ese bosque de piedras hasta llegar a la carretera, donde para soltar las piernas corro y busco el té y suelto lastre en el avituallamiento.

A partir de aquí empieza la verdadera travesía, entre otras cosas, porque una gran parte del recorrido lo desconozco, pero eso hace que sea más entretenido, sin saber que será lo próximo. El descenso hasta La Solana es tranquilo, llevo a un corredor delante que sin mucha técnica va patinando en todas las curvas, y al llegar al fondo del barranco me lo quito de en medio.

Comenzando a subir el famoso Aserrador amanece, son las 7:00 am, Edu sigue detrás de mío, hablamos y vamos dejando atrás el ascenso del aserrador. Imágenes más que impresionantes al coronarlo. Eso sí, dentro de una espesa niebla, una lluvia incómoda que nos lleva acompañando ya varias horas, y el viento que hace que la sensación térmica sea aún más baja.

En el avituallamiento del Aserrador, bastante cutre por cierto, pero sobre esto ya tiene un mail la organización, como y salimos para bajar a la Presa de Las Niñas. Edu me dice que siga yo, me veo bien, y comienzo a bajar rápido, con cierta precaución porque hay mucho barro y agua. El descenso se hace más cómodo cuando llego a una pista forestal, pero se hace eterno porque no se ve nada por la niebla. Me interno en el sendero que me llevará a la presa. Solo recuerdo que fue duro. Agua, niebla, barro. Pero esta vez mi mente iba a tope y ayudado de los bastones fui subiendo el ritmo. Y de repente el avituallamiento, joder parecía que no llegaba nunca, pero ahí estaba.

11:08:35, salía hacia Soria. Hasta Chira, ecuador de la carrera decidí recuperar piernas. El agua seguía cayendo lo que hacía más peligroso el sendero de piedras con el que se llegaba a Chira. Recuerdo pensar que en el 2012 sangraba por la nariz en esa zona. Cruzo el muro de la Presa de Soria y comienzo a subir en un grupo de catalanes y alemanes, ningún canario. Me reía escucharles decir “en esa cima y ya está”. Los fui dejando atrás, me encontraba con fuerzas y hasta corrí cuando empecé a ver Chira. Gran avituallamiento. Ecuador de carrera y lo mejor es que un grupo de personas que no saben ni quien eres te traten como un hermano. Comí bien, me lo tomé con paciencia, lo que venía ahora era duro, 16 km hasta el Garañón.

La ascensión la hago a un ritmo cómodo, pero a la vez exigente, sin correr, pero caminando revolucionado, poco a poco voy acercándome a un grupo de tres corredores que antes me habían adelantado y en los últimos repechos los dejo atrás, junto a una cuarta corredora que se les había unido. Ya veo el camino de la plata, hasta troto, pienso que cuando lo suba ya está todo hecho.

Lo subo, fuerte, constante, sonriendo con la cara que ponen los senderistas cuando te ven sufrir, con algunos incluso bromeo. Termina la subida, siempre pienso que es más nombre que dureza la que tiene este camino. Y llego a mi única situación crítica, por darle emoción vamos. Los 3-4 kilómetros hasta el Garañón fueron interminables. Primero porque la mente se relaja después de pensar que con el camino de la planta estaba todo listo, y segundo porque empiezo a hablar con corredores de otras historias y pierdo la concentración. Cuando la recupero ya estoy cruzando el parking del Roque Nublo, y sonrío al ver a corredores de la Advanced. Es un plus saber que salen 6 horas después que tú.

Llego al avituallamiento del Garañón, 16:35:26 al salir. Me cambié, comí, y preparé la comida para el descenso. Hablo con algunos corredores, lleno el camel back, y para Teror. Sigo muy fuerte de cabeza y los entrenamientos están dando sus frutos, las piernas van más que bien y sé que no tendré problemas en llegar a meta.

Poco después de salir noto el estómago tocado. No abuso de geles, mi comida en carrera suelen ser panes de leche con pavo o chocolate, los geles de fruta del Mercadona, y algunos geles, creo que hasta el Garañón me había tomado sólo cuatro. El caldo y los macarrones no me sentaron mal. Bebí agua e isotónica hasta Teror y fui mejorando. Recuerdo ir bajando y encontrarme con Tolo y Ezequiel. El primero fue quien hizo el Tracking Trans de las Presas. Le recordé que se quedó corto. Ambos me animaron y me vieron con buena cara. ¡Joder, de mayor quiero ser como ellos!

Llego a Teror. 19:55:48. Quedan 24 kilómetros. Café, algo de azúcar y salgo. Primeros tramos corriendo para calentar el cuerpo. En Osorio intento soltar lastre pero no puedo. Subo y cruzo la acequia con cuidado, ya es de noche y no hay que arriesgar. Poco a poco me interno en la zona más oscura, la bajada a la cruz y Santidad. El sueño se convirtió en mi rival. En algún momento me venció pero no sé si porque hago ese tramo muchas veces o porque es de esos momentos en los que estás solo de cuerpo presente, pero no me caí. Entre en el avituallamiento de Santidad, pedí café, no había, y creo que me metí media botella de cola sin respirar. Vaya que vino bien.

En el descanso una chica me reconoció como mi hermano, le aclaré que yo era el hermano, y me decía que lo que nosotros hacíamos no tenía mérito, sonrío, como no, es verdad lo que dice, pero tiene mérito todo aquel que intenta siempre ir adelante, en lo que sea.

Al grito “a dejarse la vida” hago el descenso al barranco de Tenoya rápido, y sin pensarlo voy a cuchillo todo el barranco. A estas horas es un cementerio de elefantes, voy pasando a corredores fundidos, y poco después ya estaba subiendo la cuesta de Tenoya, viendo a mi hermana Pili y mi cuñado Nacor, al que le suelto “págame la mariscada”. Tomo un poco más de refresco, pregunto por Edu, que ya había empezado a bajar de Teror, y salgo a completar los últimos 8 kms. Llevaba 111 kilómetros.


Ritmo vivo, tardo 44 minutos en llegar a meta, con parada para soltar lastre, voy pensando en todas las horas, madrugadas y kilómetros que he hecho para conseguir este reto.
Vi una pintada en el asfalto ¡ANIMO BOADA! Pensé que sería para mi hermano, que lo suelen conocer más por el apellido. Pero ni él la vio ni sabía quién podría haber sido. Si alguien sabe quién fue que lo comente, simplemente para darle las gracias por los ánimos.
Bajo Los Giles corriendo, a un ritmo, después de 24 horas tengo más ganas de correr que nunca. Un policía local me pide que salte la valla y me lanzo a los últimos metros. Al primero que veo es a mi padre, golpe en la espalda y veo al resto de la familia. Ya es tarde para que esté la enana en meta, pero si esta Yaiza. Me gusta verla sonreír, con lo mal que lo pasa cuando me meto en estas aventuras. Mis hermanas y mi madre también están ahí. Sergio y Vane, que craks!

Saboreo el instante, cierro el puño y escucho a speaker. Veo el tiempo que ya es lo de menos, 24:43:25. Saludo de nuevo a todos, al público que a esta hora aguanta en meta, a la familia, cierro los ojos, subo la rampa y me río de emoción. Terminé. Felicidad.

PD: Cuando llegué a casa mi cuerpo pagó todo el esfuerzo, pero valió la pena, ya soy TRANSGRANCANARIO!

martes, 22 de enero de 2013

Maraton de Gran Canaria 2013

Conseguir hacer menos de 3:30 en un maratón para casi todo el que alguna vez se ha dedicado a correr es una gran marca. Reconozco que desde el momento en el que decidí hacer mi cuarto maratón en asfalto me lo puse como objetivo, y sabía que lo iba a conseguir, al menos mentalmente, de esta forma empiezo a convencerme. Lo planteé como un entrenamiento de calidad para la Trans Gran Canaria 2013, donde me enfrento a la prueba reina, los 119 kilómetros.


Me gusta la montaña, este pasado año 2012 casi me dediqué en exclusiva, en el Circuito Adidas Trail Running terminé el 32 de la general, con lo que las piernas iban bien, aunque el ritmo de carrera es muy diferente, pero el coco tiene que andar para ser constante, ser un martillo pilón.


Pero, ¿quién no corre la carrera más importante que se hace en su ciudad?. Y es que además, me gusta el asfalto, y sobre todo ver tanta gente en la calle dándote ánimos sin conocerte de nada, eso es lo mejor, en la montaña hay mucha soledad, aunque cuando consigues cruzar la línea de meta, el placer es el mismo.


Saludé mucha gente conocida, que se estrenaban en los 21,097, y luego a muchos otros que conocía de otras pruebas, y otros de la red, del twitter y facebook, que, como todos, en los ratos libres se pone a darle a la tecla. La familia que siempre anda por allí, porque en estos días están acorralados de runners ya que viven justo en la zona de meta, así que no les queda otro remedio.


La carrera


Hace fresquito, con lo que me gusta a mí el calor, el sol, que cuanto más apriete mejor, aunque sé que es lo que al resto no le va, pero es lo que hay. Y suena el pistoletazo y nos ponemos en marcha, este año mucho más adelante que otros años, con lo que no pasan más de 30 segundos hasta que paso por el arco de salida y meta.


Acompañado de Sergio, que aún no lo he convencido a dar el salto a la distancia de Filípedes, nos tiramos a bajar de 5 minutos los primeros kilómetros, y ya en el puerto le digo que se vaya que mi ritmo no puede ser ese todo el rato, que apriete y que baje de 1:40 en la media, y tanto que lo consiguió.


Voy bien, noto una molestia en el pie derecho por el calcetín, después de la vuelta al auditorio paro, coloco bien el calcetín y otra vez a la marcha, como me dijo un espectador de la prueba, “es una inversión, no una pérdida de tiempo”, totalmente de acuerdo. No me entero del circuito, controlo bien la comida y los líquidos, llego a la zona de contra meta, veo a la familia y amigos, sube la bilirrubina, y cuando me doy cuenta estoy entrando en meta, la media en 1:41, y las sensaciones son muy buenas, pero estoy seguro que llegará el muro, en la maratón antes o después llega.


En la Avenida Marítima noto el viento de frente, pillo a Gonzalo, le pregunto el ritmo para saber si me pego, pero antes después del náutico lo voy dejando. Ese ritmo de tirada larga de domingo que me dijo se me quedó corto, por el momento podía ir más rápido, aún picando los 4:45, me salía la sonrisa.


En la zona del Muelle veo volviendo a Pipo Aguilera, que clase el mamón, pensaba que lo iba a pillar, pero con sus 3:10 me dejó listo. Pero mientras tanto tuve las ganas de pillarlo.


Se acerca el muro, Mesa y López bien, llego al avituallamiento de Leopoldo Matos, y salgo a León y Castillo. Date premios cortos, semáforo a semáforo, sigo por debajo de los 4:50 el kilómetro. “Venga que está hecho, que solo quedan 4 Km” así engaño al coco. Aparecen caras conocidas por la Plaza de La Feria, José Luis, Luis Mirabal, no falta la frase “no estás ni sufriendo”, más gente montaña con lo que he entrenado alguna vez, Tana, compañero de curro en Link Soluciones. La familia, veo al viejo con la cámara, lo reconozco, a posta le hago un gesto de “esto es duro” moviendo los labios como un caballo, sé que se emociona fácil, por eso lo hago.


Veo a la enana, que con tanto ruido alrededor, parece que está asustada. Yaiza sacando alguna foto y mandando besos volados. Las hermanas y los “prestaos”. Vane y Sergio, que me da un empujón, y cuando parece que se acaba, oigo un “Vamos Fede”, y veo a mi suegro levantando el brazo con el periódico, que grandes son todos, y eso que son los primeros que intentan convencerme que deje de hacer burradas, que si al menos me pagaran…nunca lo entenderán, pero me gusta que se preocupen por mí.


Y Vegueta, Triana, joder que largo, parece que no llego, con la de veces que he pasado desde que era enano por ahí. Ya entro en Venegas, veo la meta y salen las fuerzas de no sé dónde. Hay que joderse, diez minutos antes estaba vacío, y ahora soy capaz de esprintar. Ya veo que bajo bien de las 3:30. Veo a Eli y Carolina del divertibike, otra vez la familia, la zona azul, que guapo verte ahí, entro solo, y saboreo el momento, si, me rió, como me comentó en twitter @picdetroi, como si viniera de paseo, de un largo paseo de domingo.


Que gustazo. Los voluntarios me hablan y les digo a todo que si. Me siento para quitarme el chip pero quiero disfrutar el momento. No lo puedo explicar con palabras, es una paz mental que tengo en ese momento, donde no me pasa nada por la cabeza ni me entero de lo que pasa alrededor, como si estuviera solo. Que gustazo.


A partir de aquí, lo de siempre, besos, saludos, abrazos, y venga para casa que empiezo a tener frio. Alguna foto más y a la ducha, comer, descansar, disfrutar. Es un sacrificio que no se ve y pocos sufren conmigo.


Sube la confianza para el gran objetivo de este 2013, la Trans Gran Canaria 119 km. Queda un mes y medio, hay que seguir acumulando kms y desnivel, aunque lo segundo no siempre se puede.


Gracias a todos, a cada uno por lo que le toca.


PD: las dos mujeres que viven conmigo son quienes más aguantan estos vicios, pues eso, para ustedes!